hannibal

Acaba de empezar la segunda temporada y a uno no se le quitan aún las sensaciones dejadas por la primera temporada de “Hannibal”, la versión seriéfila (y muy “gore”) sobre el psicólogo-psicópata Hannibal Lecter. No se puede decir que exista ninguna visión cristiana o teológica alrededor de la serie. No presta atención a cuestiones metafísicas, ni mucho menos teológicas. Pero como en todo y puesto que la dimensión espiritual de este mundo está en cada detalle de la Creación, la figura de Lecter acaba recordándonos, y mucho, a cierto personaje bastante conocido por los creyentes: Satanás, el “padre de mentira”.

Ficha técnica

  • Director: Bryan Fuller
  • Género: Crímen, Drama, Thriller
  • Año lanzamiento: 2013
  • Duración capítulos: 43 minutos
  • Reparto: Hugh Dancy, Mads Mikkelsen, Laurence Fishburne, Caroline Dhavernas

Sinopsis

“Hannibal” es una serie que empieza enganchándote por su calidad fotográfica y sus personajes, y que acaba haciéndolo por su trama cada vez más enrevesada e interconectada con cada parte de la historia.

Desde “El silencio de los corderos”, el personaje de Hannibal es bien conocido por todos los amantes del cine. En verdad, la serie es una precuela del libro y posterior película “Dragón rojo”, que a su vez es precuela de “El silencio de los corderos”. Así que desde el primer momento queda bien claro quién es el antagonista: el doctor Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen), el psicópata más peligroso de América camuflado bajo la piel de un respetado psicólogo al que le gusta cocinar cenas “gourmet” para sus invitados, sin que éstos sepan lo que en realidad están comiendo (y mejor que no lo sepan).

Hannibal comparte protagonismo en la serie con Will Graham (Hugh Dancy), un investigador del FBI que tiene un don especial para recrear el crímen desde la posición del asesino o psicópata. Jack Crawford (Laurence Fishburne), director de Ciencias del Comportamiento del FBI, contrata los servicios de Lecter para que ayude a Graham a asimilar y sobrellevar las escenas que tiene que revivir durante el proceso en el que se ve a sí mismo como autor del crímen. Desde el primer caso, Graham se ve profundamente afectado por los horrores que ve y que le toca vivir.

A partir de ahí empieza el juego de buenas intenciones de Lecter para ayudar a su apreciado paciente, mientras que, por otro lado, para el espectador queda claro que está moviendo las fichas de un ajedrez muy bien orquestado. De hecho, el interés de Hannibal en la persona de Graham recuerda mucho al que tiene por Clarice en “El silencio de los corderos”.

No hay secretos en cuanto a la autoría de los crímenes relevantes para el desarrollo de la serie. Dejando la intriga para otros asuntos, desde bien pronto resulta obvio qué crímenes corresponden a Hannibal y cuáles no. La intriga radica más bien en saber cómo se está infiltrando Lecter en la mente de Graham y cuánto se atreverá a acercarse al fuego para no quemarse con él y con Crawford (o en su caso, no tener que quemarlos a ellos). También resulta inquietante la confianza fabricada entre los agentes y el psicólogo-psicópata. Todo esto sin dejar de lado los casos que ocupan cada capítulo y que cada vez hacen más mella en la mente de Graham.

Comentario

-El diablo- ha sido homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira (Juan 8:44)

El mérito de la serie en cuanto a sus personajes quizá no recaiga tanto sobre Hannibal, puesto que de todos es conocido su singularidad, sino más bien en Will Graham. El examinador de perfiles criminales, a diferencia de lo que ocurre normalmente en series de estilo policíaco, es una persona demasiado vulnerable e inestable ante las mentalidades a las que le toca enfrentarse. Es consciente de que su mente podría ser perfectamente la de un asesino en serie, y eso le aterroriza. Mientras él se mete en la mente del asesino, no se da cuenta de que el asesino también se está metiendo en su mente, hasta que ya es demasiado tarde… o no.

Aquí es donde entra en escena el papel más “satánico” de Lecter, si es que se permite considerar lo siguiente como más propio del diablo que los cadáveres descuartizados y los órganos humanos servidos como platos “gourmet”. Me refiero al juego que inicia Hannibal en la mente de Graham cuando éste empieza a dudar de sí mismo y de si realmente podría llegar a cometer asesinatos abominables como los que le ocupan en sus investigaciones. En verdad, tanto Graham como Crawford llegan a creer que una especie de doble personalidad del primero podría ser el asesino al que están persiguiendo, que en realidad es Hannibal.

Graham se da cuenta del potencial de asesino que reside en él y Hannibal se aprovecha para cargarle los crímenes cometidos por él mismo, pero eso sí, de una manera sutil. Con medias verdades, la intención de Hannibal es hacer creer a sus “amigos” del FBI, y en especial a Will Graham, que este último se ha convertido en un asesino en serie.

Puede que no de manera tan exagerada, pero ¿acaso no es eso lo que intenta el Diablo y sus secuaces con nosotros? Hay un realidad, y es que todos tenemos “potencial de asesino”. Es decir, el pecado o maldad es capaz de aflorar en cualquiera de nosotros, aunque las manifestaciones sean distintas. Como a Will Graham, son las situaciones extremas las que nos ponen en la balanza. Y es en esos momentos cuando el enemigo más se aprovecha para sembrar las dudas y acusarnos sutilmente hasta que llegamos a taladrearnos la cabeza con pensamientos de culpabilidad. Lo mejor de todo, es que lo hace con tal sutileza que ni siquiera nos damos cuenta de que es él quien intenta colarnos esa idea en nuestra mente.

El pecado no se enseñoreará de vosotros (Romanos 6:14)

Como le dijo Dios a Caín: “El pecado está a la puerta”. También: “Tú señorearás sobre él”. También Pablo repitió a los cristianos: “El pecado no se enseñoreará de vosotros” (Romanos 6:14). El pecado/Satanás no puede someternos a pensamientos de culpabilidad y angustia, sino que nosotros somos dueños para decidir si quedarnos con sus mentiras o meterlas en un saco, atarlas a una piedra y lanzarlas al mar.

Seamos sinceros. Si somos de Cristo, no somos pecadores ni esclavos, solo podemos comportarnos como tales. Si pensamos que somos culpables de pecado significa que nos estamos creyendo las acusaciones de nuestro “Hannibal” particular, de la misma forma que lo llega a hacer Will Graham. Aunque hay una diferencia importante: si Graham asesinara, se convertiría en un asesino, mientras que nosotros, aunque realmente cometamos pecado, no nos convertiremos en pecadores.

“Consideraos en verdad muertos al pecado, pero vivos para Dios” (Romanos 6:11). Es el poder de Jesús, de la Gracia, de la Cruz. Es el regalo inexplicable de Dios, un regalo lo suficientemente grande como para empujarnos a ver la verdad, esa verdad que nos dice: “eres libre”. Una verdad con poder para cambiar vidas y hacer que pasemos de ser libres con actitud pecadora, a ser libres con actitud libre. Ahí está lo que se llama el poder del Evangelio: cuando descubres lo que eres gracias a él, te transforma poco a poco.

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