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La codicia del lobo - Biblia&Cine | Lecturas audiovisuales desde la fe - Biblia&Cine | Lecturas audiovisuales desde la fe

Hace poco que he visto la película “El lobo de Wall Street”, de Martin Scorsese. Me ha impresionado la claridad con la que se exponen, sin ningún tipo de prejuicio, los valores de nuestra sociedad y especialmente el afán por las ganancias.

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Reflexión | Biblia&CineDel poder del dinero se derivan todo tipo de excesos, desde la prostitución a las drogas, mientras día tras día se actúa con una total ausencia de ética a la hora de comercializar productos financieros. Sería fácil cargar las tintas contra estos tiburones financieros que se aprovechan de la ignorancia de pobres incautos, de su avaricia sin límites. Pero ¿por qué les resulta tan fácil aprovecharse?

Creo que de forma inconsciente, Scorsese exhibe un retrato no solamente de los corredores de bolsa, sino de la propia sociedad, exaltando el dinero fácil, el éxito, la búsqueda del placer, etc. Reconozco que el papa Francisco da en el clavo con estas palabras:

Nos encontramos ante un cambio cultural, alimentado por la globalización, movimientos de pensamientos y del imperante relativismo. Un cambio que lleva a una mentalidad y a un estilo de vida que prescinden del Evangelio, como si Dios no existiese, y que exaltan la búsqueda del bienestar, del dinero fácil, de la carrera y del éxito como objetivo de la vida, en detrimento de los valores morales.

Hay que reconocer que vivimos en medio de una cultura donde la avaricia y el dinero lo es todo, tanto para pobres como para ricos. Es interesante a este respecto las declaraciones de la que fue vicepresidenta de JP Morgan. No encajaba bien con el cliché de lobo de Wall Street que recibe millones de dólares en bonificaciones, y estaba considerada como una persona generosa que invertía en obras benéficas. Sin embargo, cuando estalló todo la crisis de las hipotecas subprime, ella que dirigía todo el área de hipotecas para personas con pocos recursos, fue despedida fulminantemente. Posteriormente reconoció que nunca se planteó que toda aquella deuda creciente pudiera jugar un papel tan determinante en el desplome de la economía. Pero ¿por qué no se lo planteó? Sencillamente porque se había formado en una cultura que no prepara a los estudiantes para se planteen cuestiones más allá de cuánto dinero van a ganar. Ahí está la semilla que está llenando esta sociedad de gente materialmente insaciable.

© Paramount Pictures. All rights reservedPor mucho que me digan que esta economía de mercado es la mejor forma de promover el bien común, generando puestos de trabajo y competitividad, lo cierto es que en todo este sistema hay algo de pernicioso, y todo relacionado con la forma de ver las ganancias. Nos dicen que el objetivo de las empresas debe ser maximizar las ganancias y elevar el precio de la acción. Además que es el propio mercado el que recompensa la integridad y castiga la falta de honradez, pero películas como esta se encargan de ponerlo en tela de juicio. ¿Adónde nos lleva el principio de maximizar las ganancias? ¿quién impide que administradores sin escrúpulos hagan subir artificialmente el precio de la acción para después vender de golpe empobreciendo a los demás?

¿Tendrá una vez más razón la Biblia en su diagnóstico del mal humano cuando afirma taxativamente que «raíz de todos los males es el amor al dinero»? ¿Tendrá razón al denunciar “la codicia” como uno de los pecados más graves del hombre?

Creo que sí, por la razón de que a diferencia de otros males, es algo insaciable. No hay reposo a quien cede ante ella. Y además es indetectable para el afectado, porque ¿quién confiesa internamente que está controlado por la codicia? ¿Algún pastor ha recibido a alguien que venga reconociendo que está luchando contra este pecado?

Pero la Biblia también ofrece una solución al problema del amor al dinero, que de ser aplicada, resolvería muchas cosas. Lamentablemente muy pocos conocen esta solución. Pero el cristiano que ha experimentado el amor de Dios revelado en la cruz, descubrirá por sí mismo el secreto:

“El reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45-46)

Un cambio de lealtad, una liberación de la esclavitud del dinero, inevitable para la persona que ha encontrado en Jesucristo algo mucho mejor y más seguro, su perla de gran precio.

Alberto Moral

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