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Cuatro formas de ver “Noé” - Biblia&Cine | Lecturas audiovisuales desde la fe - Biblia&Cine | Lecturas audiovisuales desde la fe

Guía desenfadada para cristianos que podrían acabar enfadados… o no

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No viéndola.

Parece una contradicción, pero no lo es. De hecho, es práctica habitual entre los cristianos opinar sobre aquello que no se conoce; sobre todo si ese opinar incluye algún tipo de acusación a otros (cristianos también) sobre lo que es o no la verdad “oficial”. Las ventajas de no haber visto la película son enormes. Para empezar, no corres el riesgo de ser confrontado con nada, ni de que te hagas preguntas, ni de que pienses más allá de las apariencias, rasques bajo la superficie, leas entre líneas o te veas obligado a ejercitar el discernimiento; basta que asumas como propias las reflexiones, calificaciones y análisis de otros. Te irá bien, porque podrás departir con mucha gente, sobre todo en redes sociales, que aunque tampoco la habrán visto se sentirán legitimados, como tú, a decir cuanto les venga en gana sobre ella. Eso sí, no des por sentado que quienes son tus modelos o referencias habituales de lo que debes o no creer respecto a esto o aquello hayan visto tampoco la película. Muy probablemente no lo hayan hecho. Hay precedentes a puñaos: con otra películas, con libros, con doctrinas, con pasajes de la Escritura…

Por obligación.

Lo sé, es una lata, una pérdida de tiempo; pero piensa en las ventajas que tendrás respecto a los del punto anterior. Al menos tú podrás decir que la has visto y has confirmado todo lo (especialmente malo) que se ha dicho sobre ella. Ey, eso es un nivel, ¿eh? No te olvides tu bloc de notas. Te vas a hartar de tomar apuntes sobre todos aquellos aspectos que no están sacados literalmente del Génesis. Así podrás demostrar fehacientemente todo aquello que esperas ver/no ver en la película para despotricar después contra ella. Claro que, si estás pendiente de detectar todos esos errores de interpretación, es muy probable que te pierdas esa película y no te enteres de la historia que en realidad te está contando. Después, para compensar el mal rato, puedes acercarte a tu librería favorita y comprar un cuento ilustrado para que tus hijos conozcan la auténtica historia. Hay un montón de ellos, con ilustraciones de animales muy simpáticos y la garantia de editoriales cristianas. De este modo podrás traspasar a las nuevas generaciones, como hicieron contigo en su momento, el genuino sentido bíblico de “La divertida historia del Arca de Noé”. Como lo lees: divertida. No me invento nada. Es un título real. O podéis ver juntos otra vez una de las de Narnia. Puestos a dar rienda suelta a la fantasía, que sea de la “evangélicamente correcta”, ¿no?

Como un aficionado al cine.

Si has decidido verla porque te han contado que es un film palomiterio, un blockbuster, una peli de catástrofes al estilo Hollywood… es probable que te decepcione. Sí, hay efectos especiales y destrucciones a raudales, pero no esperes encontrar al tipo simpático que se pasa la peli haciendo chistes, al amigo del prota que se sacrifica, al personaje negro y al asiático para cubrir la cuota racial; ni siquiera hay una mascota que se salva in extremis cuando todo explota al final. (Por cierto: nada explota al final; de hecho, la última media hora es bastante intimista, o sea: el anticlímax de Hollywood). Y olvídate, nadie destruye el Capitolio. ¡Ni siquiera pasa en EE.UU.! Si, por el contrario, eres de esos que les gusta el cine de autor, cuidado. La narracion tiene algunos baches, momentos en los que frunces el ceño o haces como que no se lo vas a tener en cuenta; atento a los elementos que chirrían (esos vigilantes) y, cáspita, no hay planos en blanco y negro y se notan las concesiones del director para que no le tumbaran el proyecto… Es obvio que la película es un estudio de personajes bastante interesante, pero no es Bergman, ni Wes Anderson ni, afortunadamente, Sofía Coppola.

Con curiosidad.

¿Por qué Aronosky ha querido hacer esta película? ¿Por qué meterse en líos? ¿Por qué no instalarse cómodamente en los laureles conseguidos con su anterior éxito? ¿Por qué sumarse a los arriesgados pasos de Spielberg, Scorsese y Gibson? ¿Por qué el Diluvio y no Los Diez Mandamientos, Génesis y no Éxodo, como Ridley Scott? ¿Por qué contarlo desde el punto de vista de Noé, cuando la Biblia lo explica desde la perspectiva divina? ¿Por qué no llamarle Dios o Yahvé y usar el Creador? ¿Por qué restarle juego argumental a los animales y dárselo a las mujeres? ¿Qué necesidad hay de añadir un huesped indeseado en el arca? ¿Qué sentido tiene poner en boca de casi todos los personajes la misma pregunta al Creador: “¿Por qué no contestas?”? ¿A cuento de qué meter en la historia ángeles caídos?… Se suele decir que las películas interesantes son las que suscitan preguntas. Ésta (y confieso que no me lo esperaba), además, las contesta. No es un film redondo, tiene algunas innegables vías de agua… Es cierto. Pero quien vaya a verla buscando seguro que encuentra. Quizá no lo que espera; quizá no como lo espera; pero, como decían en aquella otra película, si está atento a las señales, puede que le sorprenda lo que la Aronofsky y su «Noé» ponen encima de la mesa para ser degustado.

A mí me ha llevado a escribir este artículo; pero hay mucho más que decir. De momento ya tengo a medias 7 razones por las que vale la pena ver «Noé».


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